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¡BIENVENID@!

¡BIENVENID@!

En este blog encontrarás las recetas que he ido descubriendo, adaptando, reinventando o creando… sin trigo, sin levaduras ni lácteos. Lo que en principio parece una limitación, se puede convertir, con un poco de cariño, imaginación y ganas de experimentar cosas nuevas en un reto apasionante que permite descubrir ingredientes y sabores antes desconocidos y ensanchar los horizontes de nuestra cocina de forma saludable y sabrosa... haciéndonos sentir que el mejor restaurante está en nuestra propia casa.

martes, 22 de abril de 2014

Risotto de Setas (SG//VG)




Este es un plato sencillo pero muy sabroso. Eso sí, no es para los días que andamos con prisa en la cocina, pues exige dedicación plena: si estás al risotto no estás a nada más…


Las características distintivas de este risotto son el aceite de trufa y el “queso” cremoso de anacardos. Ambos caseros, potencian su sabor de forma deliciosa. Por supuesto, en su defecto se pueden sustituir (como se puede ver en la lista de ingredientes) pero el resultado, aún siendo bueno, es inferior. 


INGREDIENTES: (Para 4 personas)

-       2 cucharadas de aceite de trufa casero (ver receta aquí), o aceite de oliva (v.e.)
-       1 cebolla mediana, picada fina
-       300 gr de setas (yo utilizo una combinación de champiñones –blanco y Portobello- con setas shiitake frescas, pero utilizando mucha menos cantidad de éstas que de los primeros; en temporada, se pueden utilizar setas silvestres)
-       1 y ½ l. de caldo de verduras casero, caliente
-       2 dientes de ajo, machacados
-       400 gr de arroz arborio
-       160 ml de vino blanco seco (es decir, no dulce)
-       “Queso” cremoso de anacardos de sabor suave (ver receta aquí) o nata vegetal
-       Perejil fresco, picado fino


ELABORACIÓN:

Llevar el caldo de verduras a ebullición y reservar tapado para que retenga el calor.

Poner el aceite en una cazuela baja y ancha y rehogar en él la cebolla y el ajo hasta que la primera esté transparente y blandita.

Incorporar las setas y champiñones y rehogar despacio hasta que se ablanden. Agregar el arroz, dar unas vueltas y añadir el vino, manteniendo el fuego bajo y removiendo con frecuencia hasta que se consuma el alcohol.

Añadir uno o dos cacillos de caldo y cocinar removiendo a fuego lento hasta que se absorba el líquido. Ir añadiendo caldo cacillo a cacillo, sin dejar de remover, esperando a que se absorba el líquido cada vez, hasta que el arroz esté tierno y el conjunto cremoso.

Retirar del fuego, mezclar con “queso cremoso” de anacardos al gusto y el perejil, decorar al gusto y servir enseguida. Presentar con un bol de “queso” por si alguien quiere añadir más (yo prefiero mezclar poca cantidad antes de servir y que luego cada uno decida).

domingo, 20 de abril de 2014

Crema de Puerros (SG/ VG)



En millones de recetarios se puede encontrar la clásica Vichyssoise, la crema de puerros más famosa del mundo. Existen mil maneras de preparar esta verdura en crema, pero la que comparto hoy, que no es la francesa, es mi favorita –por el momento, que la vida es evolución continua ;)

El tono verdoso (frente al beige de la Vichyssoise) es porque he utilizado también la parte verde del puerro, que tiene propiedades interesantes, pero se puede prescindir de ella de vez en cuando para jugar un poco con el color.

El sabor final de la crema es delicioso, suave pero con un puntín picante y aromático debido a las hierbas y especias utilizadas, que le dan personalidad.


Para indicaciones generales sobre cómo hacer cremas de verduras, ver aquí.

INGREDIENTES: (Para 2-3 personas)

-     2 cucharadas de aceite de oliva (v.e.)
-     3 puerros grandes, cortados longitudinalmente y luego en trozos pequeños
-     2 dientes de ajo, picados finos
-     3 patatas medianas, cortadas en cubos pequeños
-     Caldo de verduras (en su defecto, agua)
-     Leche vegetal (yo suelo usar de almendra, pero puede ser otra de sabor suave)
-     1 hoja de laurel
-     Sal
-     Pimienta blanca
-     Nuez moscada
-     Eneldo seco


ELABORACIÓN:

Rehogar los ajos puerros y el ajo en el aceite a fuego bajo, removiendo cada poco con cariño para que no se quemen ni se sequen.

Añadir las patatas y el laurel y darle unas vueltas, después añadir caldo hasta apenas cubrirlo y salpimentar. Llevar a hervor, bajar el fuego y dejar cocer lentamente hasta que las verduras estén cocidas. Si se consumiera demasiado líquido, se puede añadir poco a poco más caldo hirviendo.

Retirar el laurel, triturar y añadir leche vegetal hasta conseguir la consistencia deseada (está crema queda especialmente cremosa). Calentar de nuevo, añadiendo la nuez moscada y el eneldo. Probar y rectificar los condimentos al gusto. Servir con un poco de nuez moscada recién rallada por encima.


Fuente: Esta receta está basada en una del delicioso libro “500 Pratos Vegetarianos” (que, en realidad, son veganos), ed. Booksmile.

viernes, 18 de abril de 2014

Peras al Sirope de Cinco Especias (SG/VG)


Este es un plato nuevo en casa que ha venido con clara vocación de quedarse. Le tenía ganas desde hace tiempo, pues me encantan las frutas cocinadas (al vapor, al horno, etc) y esta combinación de especias me parecía sumamente atractiva. Finalmente le ha llegado su turno y ha resultado ser aún mejor de lo que me imaginaba.


Las peras adquieren un sabor increíble con este sirope, deliciosamente aromático. Por mucho que cante sus cualidades, me quedaré corta… hay que probarlas ;)

INGREDIENTES: (Para 2 personas)

-       2 peras grandes de una variedad con consistencia firme pero no dura
-       250 ml de zumo natural de manzana (eco)
-       1-2 cucharadas de sirope de ágave*
-       2 clavos
-       El contenido de 2 vainas de cardamomo
-       2 rodajas finas de jengibre fresco, pelado
-       Pimienta negra
-       1 piel de limón (eco)
-       1 “flor” de anís estrellado

*Para mí con una cucharada ya llega porque el zumo natural ya es dulce, pero es cuestión de gustos.


ELABORACIÓN:

Empezaremos preparando el sirope. Para ello ponemos en un cazo el zumo, el sirope de ágave, los clavos, las bolitas de cardamomo, el jengibre, la piel de limón y un poco de pimienta recién molida. Mezclar bien y cocer un poco hasta que se disuelva el ágave y se integren algo los sabores.

Pelar las peras pero dejarlas enteras. Colocarlas tumbadas en el cazo del sirope y cocer a fuego medio-bajo hasta que estén tiernas. Según va avanzando la cocción se van impregnando del sabor del sirope, que se irá reduciendo y haciendo progresivamente más denso.

En su punto, retirar las peras y reservar. Si es necesario, dejar reducir al fuego el sirope hasta obtener la consistencia que nos interesa, densa pero fluida. Una vez listo, colar (no queremos que nadie se tropiece con un clavo o un trozo de pimienta) y pasar a un bol.

Colocar cada pera en un plato. Salsear con el sirope y decorar con una estrella de anís. Servir con el resto de sirope en el bol para que cada uno pueda añadir más si quiere.


Fuente: Esta receta ha sido adaptada de la revista “Canadian Living” (2011)

miércoles, 16 de abril de 2014

CÓMO… Hacer Cremas Vegetales Sabrosas y Sanas (SG / VG)



Las cremas de verduras no suelen faltar en nuestra mesa, especialmente en los meses fríos y frescos… que por estos lares son casi todos ;)

Nos ayudan a calentar el cuerpo, aportan dulzor natural y sano (lo que contribuirá a evitar que nos apetezcan luego otros dulces menos saludables) y siendo ligeras y suaves, son una forma estupenda de empezar (o terminar, sí, puede sonar raro, pero sí) una comida o plantear una cena ligera, cuando se hace demasiado tarde. En combinación con otros tipos de alimentos y preparaciones, nos ayudan a crear menús sanos y equilibrados.





Vale. Las ventajas están claras. Ahora ¿por dónde empezar? He pensado que podría ser útil compartir una especie de receta-tipo que sirva de base para crear nuestras propias cremas, junto con algunos trucos que he ido descubriendo.

·     La opción más sencilla consiste en hacer cremas de legumbres a partir de un estofado que nos haya sobrado (crema de lentejas, de garbanzos, de alubias…). Como ya estará condimentado a gusto, basta con triturar el estofado, calentarlo, comprobar si hace falta rectificar sal o condimentos y llevar a la mesa decorado con unos costrones de pan frito, por ejemplo.

·       Se pueden preparar también cremas de verduras variadas mezcladas. Esta es una buena opción cuando tenemos poca cantidad de verduras distintas que nos han ido quedando en la nevera y no nos dan para hacer platos completos por sí solas (zanahorias, puerros, repollo, acelgas, calabacín, etc). Se trata simplemente de buscar una combinación que produzca un sabor equilibrado (que no haya un exceso de verduras de sabor amargo, por ejemplo) y la preparación puede ser como se explica en el párrafo siguiente (mi favorita) o se pueden cocer primero todas las verduras escogidas y luego hacer un refrito con 1-2 cucharadas de aceite, un poco de ajo picado fino y un poco de pimentón dulce. Se mezcla todo y se tritura bien.

·       Sin embargo, limitarse a esto resulta muy empobrecedor cuando nos podemos beneficiar de la diversidad de propiedades, sabores y colores de las cremas elaboradas con un único tipo de verdura base (crema de calabacín, de calabaza, de puerros, de espárragos, de coliflor, de brécol … … … ). La lista de opciones es deliciosa e interminable y jugando con diversos condimentos podemos hacer variaciones muy interesantes. ¿Quién ha dicho que comer verduras es aburrido? ;)


Entonces, ¿cuál podría ser el procedimiento básico para hacer una crema de verduras de estas características?

1.  El primer paso consiste en rehogar abundante cebolla (1 grande o dos medianas para 2-3 personas) en 1-2 cucharadas de aceite (sí, sólo 1 ó 2) y una pizca de sal a fuego medio-bajo, despacín y con mimo, removiendo cada poco para que no se pasen ni se quemen. Si parece que se seca (no es fácil si lo hacemos así y estamos pendientes) se puede añadir un poco de agua (que también resultará útil si la cebolla no suele sentar demasiado bien). Se rehoga durante un buen rato, hasta que la cebolla esté como pegajosa (en su máximo punto de dulzor).

2.   A continuación, se pueden añadir hierbas secas o especias que convenga tostar para realzar su sabor, y se rehoga un poco más.

3.  Se añade la verdura escogida (ecológica siempre que sea posible, por mil razones de todos conocidas) y se rehoga un poco con la cebolla.

4.  Según para qué casos se puede necesitar añadir algo que ayude a espesar la crema (un poco de patata o mijo, por ejemplo). También se puede utilizar almendra rallada, pero en este caso se añadiría al final, cuando se calienta  la crema justo antes de servir.

5.   Si queremos hacer nuestra crema con algas*, las ponemos previamente en remojo unos minutos y las agregamos en este punto.

6.  Se incorpora agua (de buena calidad) o, si interesa, caldo casero de verduras (¡no cubitos de caldo! si no se tiene caldo casero también se puede recurrir a un pequeño truco: utilizar las mezclas de verduras eco deshidratadas con algas que se venden para preparar sopa, se pulverizan en el molinillo de café y se añade un poco a la olla). No se ha de utilizar demasiado líquido, sólo que apenas cubra las verduras, o incluso menos si son verduras que sueltan mucho agua. En este punto se pueden añadir las especias que no hace falta tostar o determinadas hierbas aromáticas (azafrán o laurel, por ejemplo). Se salpimenta y se deja cocer hasta que estén tiernas (no cocer de más).

7.  Se retira del fuego, se tritura, se agrega leche vegetal hasta conseguir la consistencia deseada, se prueba y se rectifica de condimentos si hace falta.

8. En este punto se puede añadir condimentos como el miso*, que aporta un sabor extraordinario y tiene propiedades muy beneficiosas. También es el momento de agregar, si se quiere, hierbas frescas cortadas muy finas (el perejil fresco, por ejemplo, que tiene vitamina C, ayuda a absorber el hierro). Se calienta un poco (sin hervir, si lleva miso) y se sirve decorada al gusto (con costrones de pan, un hilo de nata vegetal, un hilillo de aceite de oliva, almendras u otros frutos secos tostados sin sal, semillas tostadas, hierbas frescas o secas, etc).


¿Cómo crear matices de sabores interesantes?

El punto de partida tienen que ser ingredientes frescos de temporada y de calidad (eco) pero a partir de ahí podemos conseguir añadir matices sabrosos y diferentes de diversos modos:

  • Jugando con el aceite para rehogar la cebolla. En lugar del aceite de oliva (v.e.) natural, podemos utilizar aceites aromatizados caseros según el tipo de crema que queramos (aceite de canela, de albahaca…) o aceites de semillas (lino, sésamo…) o frutos secos (nuez, almendra…).

  • En lugar de rehogar y/o condimentar con sal, lo podemos hacer con tamari.
  • Si utilizamos algas, el tipo que escojamos puede variar mucho el sabor. La dulse, por ejemplo, tienen un sabor suave y sutil que no estorbará a nadie, mientras que otras como la nori se hacen notar más. Hay que conocerlas para saber escoger si nos conviene usarlas y cuál en cada momento.
  • Las especias y hierbas aromáticas, tan diferentes, serán de los ingredientes que más nos pueden ayudar a conseguir sabores variados. No limitarse a las conocidas, sino atreverse a probar con las que vamos descubriendo, experimentar con ellas e ir viendo cuáles nos gustan más para qué platos es una deliciosa aventura ;)
  • La leche vegetal que escojamos puede también modificar bastante el sabor de nuestra crema. Aún utilizando leches naturales (no aromatizadas ni endulzadas), la industrial de arroz o de avena tienen un regusto dulce que las caseras no tienen, por no hablar de la leche de coco, que aporta un sabor con una fuerte personalidad que va bien a las cremas de inspiración oriental.
  • Y, por último, si optamos por utilizar miso, la variedad que escojamos también va a tener un efecto en el sabor (ver nota al final).

Obviamente, se trata de jugar con los sabores de forma sutil, escogiendo la opción que más nos convenga en cada caso (si utilizo aceite de albahaca, luego puede que no me interese mezclar otras hierbas que tapen ese sabor; si utilizo determinadas especias puede que no me interese recurrir al miso, pues los sabores se “matarían”, etc ).

Bueno, y una vez llegados a este punto, sólo queda ponerse manos a la obra y disfrutar cada día de una crema de verduras diferente, sabrosa y saludable… ¡dejando volar la imaginación! J

Próximamente y antes de que empiece a lucir un poco el sol por aquí, iré publicando algunos ejemplos de cremas que suelo hacer habitualmente. Otras  que ya están publicadas en el blog son:





 NOTA IMPORTANTE:

*Las algas son muy interesantes porque son muy ricas en minerales pero se necesitan en cantidades pequeñas y no son apropiadas para todo el mundo. Si se tienen dudas, vale más consultarlo con un especialista.

**Si se usa miso, éste ha de ser no pasteurizado para que nos podamos beneficiar de todas sus propiedades y no debe hervir nunca, ya que las pierde con calor intenso. La mejor manera de agregarlo para asegurarse de que queda bien integrado en la crema es sacar un cacillo de crema a un bol, diluir en ella el miso, mezclando bien y añadirlo entonces a la olla, volviendo a remover bien. Es importante también tener cuidado con el punto de sal, pues el miso ya es bastante salado.

Existen muchas variedades de miso, es interesante ir probando hasta encontrar las que nos gustan más para cada cosa. Los más oscuros (mugi miso, genmai miso, hatcho miso) son de fermentaciones más largas y sabores más intensos; el shiro miso, de color amarillento y de fermentación más corta, es más suave y de sabor más tirando a dulce, muy apropiado para este tipo de cremas. Los celíacos tienen que tener en cuenta que el miso es en muchos casos una combinación de soja con cereales con gluten (cebada, trigo…), así que hay que buscar variedades exclusivamente de soja o de soja y arroz, por ejemplo (genmai miso) y que garanticen la ausencia de trazas.

miércoles, 9 de abril de 2014

"Queso" Cremoso de Anacardos - Sabor Suave (SG / VG)



Tengo que reconocer que soy una fan de los anacardos. Desde que los descubrí, no faltan en mi despensa, ya que son muy versátiles en la cocina. Lo mismo sirven para tostar y complementar un rico arroz basmati que para dar gracia a una ensalada (caramelizados, por ejemplo) o, sobre todo, mi uso favorito, para crear deliciosos y saludables sustitutos de lácteos.

Ya hay algunas recetas publicadas en el blog en las que hago uso de ellos: para hacer requesón vegano con distintos sabores o en forma de nata vegetal, para hacer quiches, por poner otro ejemplo.

Todas estas preparaciones siguen el mismo principio: triturar los anacardos remojados previamente con un líquido (agua, leche vegetal, agua de coco, etc.) hasta conseguir la consistencia que nos interesa en cada caso. Luego, vienen los distintos condimentos que le darán uno u otro sabor según nos convenga. Fácil, rápido, sano y rico… ¡Lo tiene todo!

En esta ocasión, se trata de un “queso” cremoso para untar, de sabor suave, al que podemos dar usos muy variados. Estos son algunos de los que yo le doy pero queda el campo abierto a la imaginación: como complemento de ensaladas ricas y variadas, para gratinar (por ejemplo, en patatas asadas), o, con una textura un poco más ligera, para rematar un rico risotto… Por supuesto, también se puede utilizar para untar galletitas saladas, una rebanada de pan o crudités de verduras, o también como base de bocadillos vegetales, aunque para todos estos usos yo prefiero otra versión de sabor más intenso (que espero publicar próximamente).

Queso cremoso de Anacardos en Ensalada y Quiche de Brécol


INGREDIENTES (Para un bol de "queso" cremoso suave):

-       1 taza de anacardos naturales (sin tostar y sin sal)
-       1 cucharada de zumo de limón
-       ½ cucharada de tahini
-       ¼ cucharada de cebolla en polvo
-       ½ cucharadita de sal
-      leche vegetal natural, sin aromatizantes ni endulzantes (yo prefiero de almendra, pero puede ser otra; obviamente cada una aporta matices de sabor diferentes, y algunas pueden dejar un regusto dulce, como las de avena o arroz).


ELABORACIÓN:

Previamente dejar los anacardos en remojo la noche anterior. Si no nos hemos acordado, se puede dejar un par de horas pero es importante el remojo, facilita mucho el proceso.

Poner los anacardos en una batidora de vaso junto con el resto de condimentos. Ir añadiendo leche poco a poco hasta conseguir la consistencia deseada. Es importante tener cuidado al triturarlo para no forzar el aparato, parando de vez en cuando si es necesario.

Probar el sabor y ajustar los condimentos si hace falta. 


Queso cremoso de Anacardos gratinado en Patatas Asadas a la Inglesa

miércoles, 2 de abril de 2014

Terciopelo Rojo (Crema de Remolacha) (SG / VG)


¿Verdad que es bonita? ¿A que se merece el nombre de terciopelo rojo? Así de suave es, en textura y sabor.

La remolacha me gusta tanto cruda y rallada como cocida y loncheada o triturada, en ensaladas y otros platos… pero la crema se me resistía. Durante un tiempo estuve haciendo un montón de pruebas diferentes con recetas clásicas, como el famoso Borscht polaco y otras más alternativas, pero el resultado siempre era parecido… con un dulzor excesivo que no me acababa de convencer. No obstante, me negaba a asumir que la crema de remolacha no estaba hecha para mí, no me gusta darme por rendida.

Andaba yo con estos experimentos cuando, durante un viaje que hicimos el pasado otoño, tuvimos la suerte de comer en un local vegano donde nos sirvieron “la” crema de remolacha, la definitiva. Deliciosa, justo lo que yo andaba buscando, con sabor a remolacha pero sin su excesivo dulzor. No me lo podía creer. Justo lo que yo quería. Como el personal que llevaba el local era muy amable, me atreví a contarle al chico que nos atendió mis experimentos fallidos y elogiar su crema y, para mi sorpresa, resultó ser el mismo que la había hecho, que me contó sin ningún tapujo su secreto. Se lo agradecí enormemente y en cuanto volví a casa y me hice con remolachas, me puse manos a la obra.

Hice una mezcla de las indicaciones que él me había dado con una receta que tenía y el resultado me encantó.

Recientemente, de nuevo pasando unos días en el mismo lugar, nos acercamos al local vegano a comer un día y agradecerles personalmente su generosidad al compartir su truco para un plato que nos encanta y ha pasado a formar parte de nuestro día a día. Hoy la comparto con vosotros, porque estoy segura de que a ellos les encantará que lo haga.

Para esta receta necesitamos las remolachas con sus hojas. Es esencial, ya que es lo que neutraliza el dulzor, junto con la pimienta, además de añadir matices de sabor (amargo y picante).

Si consumimos producto local, le podemos pedir al agricultor que nos las venda siempre enteras, con hojas… Ventajas de consumir localmente y conocer a los productores… ;) Si no tenemos más remedio que recurrir al súper, donde las suelen vender sin hojas, se puede probar a utilizar espinaca o acelga (u otro tipo de verdura verde que aporte cierto sabor amargo).


INGREDIENTES:

-       2 cebollas, cortadas en cubos
-       1 puerro, en rodajas
-       1 boniato, en cubos (si no, patata)
-       1 diente de ajo
-       4 remolachas pequeñas, cocidas (*)
-       hojas de remolacha (**)
-       tomillo, al gusto
-       sal
-       pimienta negra
-       aceite de oliva (v.e.)
-       Mugi miso o genmai miso (opcional)

(*) Para cocer las remolachas, retirar las hojas y reservarlas. Lavar los tubérculos bien y cocer, enteras y sin pelar, hasta que estén tiernas (unos 45 minutos en olla normal o 25 minutos en olla rápida). Dejar enfriar un poco y pelar con cuidado de no quemarse.

(**) Respecto a las hojas de remolacha, lavarlas bien y eliminar los tallos. La cantidad que se necesita va a depender del tamaño de las remolachas, yo no suelo utilizar todas. Es mejor ir tanteando, si nos pasamos la crema quedará demasiado amarga, si nos quedamos cortos, demasiado dulce.


ELABORACIÓN:
En una cazuela con un poco de aceite, rehogar la cebolla con una pizca de sal hasta que esté casi transparente. Añadir el ajo picado y el tomillo y seguir rehogando hasta que se termine de hacer la cebolla.

Salpimentar y añadir la hoja de remolacha troceada, el boniato y la remolacha cortada en cubos. Rehogar un poco más y añadir agua o caldo de verduras hasta cubrir. Cocer hasta que esté todo tierno.

Triturar con la batidora (o pasapurés), vigilando la textura para encontrar el punto que queramos. Se puede retirar líquido al principio e ir añadiendo luego si hace falta.

Como en todas las sopas, se puede añadir un poco de miso una vez que esté lista, sin que llegue a hervir para que no se pierdan sus propiedades. Le dará un sabor muy rico y nos hará muy bien ;)


Decorar al gusto con nata vegetal, hierbas secas (en la foto de arriba yo utilicé tomillo seco, en esta de aquí, nata vegetal casera), costrones de pan frito, etc. y ¡a disfrutar!

martes, 18 de febrero de 2014

Trufas y Cocadas (VG/SG)


Llevaba tiempo queriendo hacer trufas y cocadas con ingredientes saludables. Quería sustituir la nata y el chocolate por un lado y los huevos por otro. Dándole vueltas a la idea me acordé de unas bolitas de almendra que habíamos hecho en un curso de cocina, en ese caso endulzadas con mermelada sin azúcar y se me ocurrió que también podría jugar con el azúcar… pero pensé que sería interesante probar a endulzarlas con crema de dátiles… no podía irles nada mal.

La idea es una masa base que se hace en un pis-pás con muy pocos ingredientes, sin nada de azúcar, un toque de especias y ¡ya está! Dos variedades en un santiamén. Sumamente deliciosas… ¡a cual más! ;)



INGREDIENTES:  (Para unas 30 unidades, 15 de cada)

·         2 tazas* de almendra molida
·         1 taza de dátiles deshuesados
·         Una pizca de sal

Para las Trufas:

·      ½ cucharadita de jengibre en polvo
·   ½ cucharadita de extracto de naranja (si no, ralladura de naranja, zumo de naranja o agua de azahar al gusto)
·      Algarroba en polvo (para decorar)

Para las Cocadas:

·      ½ cucharadita de jengibre en polvo
·      ½ cucharadita de pimienta de Jamaica
·      ½ cucharadita de extracto de vainilla (he utilizado casero)**
·      Coco rallado (para decorar)

*He utilizado la medida de taza de 250 ml pero no hace falta, cualquier taza vale, ya que en esta receta no se mezclan medidas de volumen con métricas.

** Según el tipo de vainilla que se utilice puede haber que ajustar la cantidad.




ELABORACIÓN:

Lo primero que hay que hacer es poner los dátiles, deshuesados, en un bol a remojar. Del tiempo que los dejemos va a depender lo blanditos que estarán luego para triturar, así que si tenemos un procesador de alimentos potente necesitarán un remojo más corto y si no, más largo. Dejarlos de un día para otro nos asegura un buen resultado de cualquier modo, y el almíbar que queda en el bol se puede utilizar como endulzante natural y delicioso de masas fluidas como las de crepes o gofres, etc.

Una vez remojados, se trituran en un procesador o en una batidora de vaso hasta que se haga una pasta. Si hace falta se puede añadir algo del almíbar para facilitar el proceso, pero poco y cucharada a cucharada para evitar que quede más blando de lo necesario. Si la batidora o procesador no es muy potente conviene hacerlo con cuidado y parando cada poco para no estropear el aparato.

Pasar la pasta de dátiles a un bol y mezclar bien con la almendra y la sal hasta que se forme una masa homogénea y manejable, ni dura ni muy blanda. Se puede necesitar algo más de almendra (dependiendo del tiempo de remojo de los dátiles); si es así, ir añadiéndola poco a poco, a cucharadas hasta conseguir un buen punto.

Dividir la masa en dos y poner en dos boles distintos.

Para las Trufas:
Añadir a la masa base el jengibre y el extracto y mezclar bien.

Para las Cocadas:

Añadir a la masa base el jengibre, la pimienta de Jamaica y la vainilla y mezclar bien.


Una vez preparadas ambas masas, humedecer las manos y formar bolitas con cada una. Hacer rodar las trufas por un plato con algarroba en polvo hasta cubrirlas por todos los lados y hacer lo mismo con las cocadas en un plato con coco rallado.

Colocar en un recipiente hermético, separando las distintas capas con papel de hornear y dejar en la nevera hasta el momento de servir. Esto hace que la masa tome cuerpo y quedan mejor. Conservarlas en frío para que no pierdan presencia.


No tengo ni idea de cuanto tiempo pueden conservarse, pues en mi casa no duran más de dos días… ;)